Joel creció marcado por el abandono, la ausencia de sus padres y una profunda soledad que influyó en sus decisiones. Esto lo llevó por caminos de dolor, delincuencia y desesperanza, llegando a pensar que su vida no tenía valor. Sin embargo, un encuentro con Dios transformó su historia. Hoy, Joel es testimonio de que el pasado no define tu futuro: en Dios, el dolor se convierte en resiliencia, propósito y una nueva oportunidad.