Osmar creció en un hogar marcado por el conflicto, la ausencia y responsabilidades que no correspondían a su edad. La enfermedad de su madre y la falta de apoyo lo llevaron a vivir cansancio, soledad e incertidumbre. En medio de esa lucha, un encuentro con Jesús le dio una paz real y comenzó un proceso de sanidad que transformó su vida. Esta historia nos recuerda que Dios ve el dolor oculto y nunca abandona a quienes confían en Él.