Julio César alcanzó poder, prestigio y reconocimiento como pocos en la historia. Sin embargo, su caída revela el peligro de confiar únicamente en la grandeza humana. Este mensaje reflexiona sobre cómo el orgullo precede a la destrucción y nos recuerda que el verdadero liderazgo se ejerce con humildad, dependencia de Dios y un corazón dispuesto a servir.