En esta profunda reflexión, Anna cuestiona el aparente silencio de Dios durante los largos años de esclavitud del pueblo de Israel. A través de la historia de Moisés, descubre que Dios nunca estuvo ausente, aunque así pareciera. Un mensaje sensible y honesto que anima a confiar en la fidelidad de Dios aun cuando la espera se hace larga y el dolor nubla la fe.