Dios nos ama con un amor incondicional, no nos ama porque somos buenos, nos ama con un amor puro, un amor que sólo se recibe y acepta, un amor por siempre y para siempre, compasivo y misericordioso, no toma en cuenta nuestros pecados ya que Él nos perdona y nos acoge.
¿A qué me parezco en mi interior y exterior? Trata de ser lo más honesto posible durante este tiempo de reflexión, recordando que Jesús siempre ve nuestros corazones y nos ama incondicionalmente.
Cuando logres alcanzar una cumbre no la acaricies, si no mira otra mayor que te llevará a lograr otro objetivo. Aprende a soñar pero con visión, trabajando siempre para alcanzar un resultado positivo y sobre todo busca la sabiduría de Dios con la cual le puedes hacer frente a la vida.
En ocasiones, la queja también nos indica una falta de responsabilidad ante las personas y las situaciones, o la recreación en la posición de víctimas. Canaliza tu queja a Dios.
Concédeme oh Dios ser fortalecido por tu palabra , que traerá paz a mi alma angustiada, sabiendo que tú me darás el descanso de poder aceptar tu voluntad en el camino de la vida. Amén.
Algunas conductas que destruyen nuestro amor propio son: criticarte en exceso sin valorar oportunidades de mejora, victimizarte y juzgarte, vivir la vida que otros quieren con la que tu no estás de acuerdo, descalificarte frente a cualquier situación, tener creencias arraigadas que no queremos soltar y nos impiden cambiar, escuchar solo lo negativo, etc.
Morar bajo la sombra del omnipotente es una expresión que transmite un sentido de cercanía o proximidad extraordinaria, pues para que la sombra de otra persona se proyecte sobre nosotros, tenemos que estar muy cerca. ¿Se pueden imaginar otra expresión más acertada y hermosa para describir la presencia constante de Dios con sus escogidos?
“El amor constante del SEÑOR nunca cesa; Sus misericordias nunca llegan a su fin; Son nuevos cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lamentaciones 3: 22-23).
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