Este domingo de la Octava de Pascua el pasaje del evangelio presenta a Jesús saliendo al encuentro de la «incredulidad. De santo Tomás. Para Tomás no fue fácil creer en lo que le contaban los otros apóstoles. Él pretendía vivir una experiencia singular, propia, para poder aceptar plenamente lo que los demás le decían. El Señor Jesús fue condescendiente con santo Tomás, cedió a su requerimiento y le permitió tener la experiencia de ver al Resucitado, experiencia que había ayudado a la fe de los otros discípulos. Las dos apariciones que el fragmento del evangelio nos narra ayudan a contemplar la consolidación de la fe de santo Tomás y son invitación para que creamos aún sin haber visto, porque eso hace bienaventurado, pleno de felicidad.