Hermanos y hermanas: Hoy, Segundo Domingo de Pascua, ocho días después de la resurrección del Señor, está unido al relato de san Juan sobre las apariciones pascuales del resucitado en el cenáculo y ahora Tomás está presente. Celebramos, por institución de san Juan Pablo 11, el Domingo de la Divina Misericordia. Las lecturas nos invitan a meditar sobre cómo el Señor Resucitado entrega a los suyos (a nosotros) la paz, que es fruto del perdón de los pecados. El Señor transforma el corazón haciéndonos gozar de su paz, que genera una nueva actitud en la vivencia cotidiana. También, la comunidad cristiana es testimonio de que el Señor Resucitado obra en ella, creando una fraternidad auténtica. La vida nueva del cristiano es vivencia del amor fraterno que permite ver en la Iglesia la presencia de Jesús.