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La sala Almudí de Cuenca acoge estos días ‘Y caemos cubiertos de verbo’, una instalación del artista Nacho Martín Encinas que invita al visitante a adentrarse en un escenario enigmático, construido a partir de cuerpos, pequeños huevos y rastros que parecen situarnos entre un acontecimiento que ya ha sucedido y otro que todavía está por llegar. La exposición evita ofrecer una interpretación cerrada y convierte al espectador en una parte esencial de la obra. Durante una entrevista en Hoy por Hoy Cuenca, Martín Encinas explicó que su intención es generar un espacio de incertidumbre que permita a cada persona construir su propio relato. Para ello, trabaja con elementos cargados de simbolismo, como los cuerpos caídos, que pueden evocar tanto la muerte como el descanso, y los huevos, asociados al nacimiento y a algo que está por suceder. El artista lleva tiempo investigando el concepto de pensamiento mágico, entendido como esa tendencia humana a establecer conexiones, causas y relaciones entre elementos que no necesariamente están vinculados. Con esta instalación no pretende ilustrar esa idea, sino crear un escenario que active ese mecanismo en el visitante. La ausencia de explicaciones forma parte de la propuesta. Martín Encinas considera que esa tensión entre lo que se comprende y lo que permanece oculto puede convertirse en un motor para el pensamiento y la emoción. De hecho, algunas personas que han visitado la exposición en más de una ocasión han descubierto nuevos detalles, al detenerse en elementos que inicialmente habían pasado inadvertidos. La experimentación con los materiales también desempeña un papel fundamental en su trabajo. Aunque la pintura constituye la base de su trayectoria, el artista incorpora disciplinas como la escultura, la fotografía, el vídeo y la instalación. El contacto directo con la materia, explica, permite descubrir posibilidades que no estaban previstas inicialmente. Con ‘Y caemos cubiertos de verbo’, Nacho Martín Encinas propone así una experiencia abierta en la que cada visitante debe enfrentarse a sus propias interpretaciones y encontrar, entre los indicios presentes en la sala Almudí, las conexiones que den sentido a lo que está viendo.
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