Debemos asumir que es imposible que todas las personas conecten con nuestra forma de comunicar, pensar, de vivir, de ser… Podríamos decir que cada uno de nosotros tenemos nuestro público. ¿Por qué no centrarnos en esas personas que conectan con nuestra parte auténtica y dejamos de poner energía y esfuerzos en agradar a los demás? Al fin y al cabo, si lo pensamos, los otros van a conectar con un “yo irreal”.