Esa sensación que hace que, sin saber cómo, te muestres tal y como eres, sin protecciones (o al menos no tantas), le estés contando detalles y/o experiencias que, a juzgar por el poco tiempo desde el que os conocéis, no estaría justificado hacerlo. Y viceversa. Simplemente, te sientes a gusto. Os sentís a gusto. Como en casa.