Hermanas y hermanos: Hoy, XVIII domingo del Tiempo Ordinario, las lecturas llaman nuestra atención sobre, que tan fácilmente podemos caer en la vanidad. La Biblia no condena el justo interés por cubrir nuestras necesidades materiales, tampoco el justo deseo de progresar; condena la codicia y la avaricia, recordándonos que nuestra vida no está asegurada por la riqueza. Que encontremos en Jesús la verdadera riqueza de nuestras vidas y luchemos por alcanzarla.