Una realidad muy estimada en el Antiguo Testamento es la sabiduría, como lo expresa hoy la primera lectura. La sabiduría permite al hombre lograrse del modo más pleno, cumpliendo el designio del Creador en la vida cotidiana. El salmo responsorial que hoy nos ayuda a meditar la Palabra divina expresa una importante dimensión de la sabiduría: buscar a Dios. El ser humano es sabio cuando busca a Dios, respondiendo así al anhelo profundo de su alma. El deseo de Dios es inextinguible y por eso todo ser humano podría decir con san Agustín: "Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti». Sólo centrándose en Dios la vida del ser humano adquiere un profundo sentido y se halla el gusto y el gozo de vivir.