Cuando somos redimidos nos convertimos en personas totalmente nuevas, pero el proceso de la salvación no aniquila por completo nuestra propensión al pecado. El Señor quien salva, hace al que Él salva santo mediante el gran proceso de la salvación, específicamente en el proceso de la santificación; sin mbargo, a pesar de estar en el proceso de la santificación, el cristiano verdadero aún no ha llegado a una situación completamente santificada.