No hay peor cosa que rechazar la verdad cuando una persona tiene ante sí los argumentos, pruebas, y toda la verdad, y aun así, la niega, cierra sus ojos y la rechaza. Tal persona es necia, envanecida, con soberbia en su corazón, creyéndose poseedora de toda la verdad. Esta necedad se puede observar en tribunales humanos, donde se pueden presentar todas las pruebas y argumentos, pero si el juez mantiene su decisión errónea, no hay poder humano que lo haga cambiar de opinión.
Sin embargo, en la corte celestial, Dios es el juez justo que sostiene y defiende la verdad, y su ira se derramará sin titubeos sobre aquellos que niegan su verdad. Según 2 Tesalonicenses 1:8–9, la ira de Dios se manifestará en fuego para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio.
En los versículos anteriores, Pablo menciona dos razones por las que la ira de Dios se derrama sobre los hombres: (1) porque Dios se ha revelado en la creación y en sus conciencias, pero el hombre le rechazó, y (2) porque, en ese rechazo, el hombre le deshonró. Ahora, Pablo expone dos razones adicionales.
3. El razonamiento del hombre
4. La religión del hombre