"El Señor es compasivo y misericordioso», Y no se trata tan sólo de una fórmula que repetir porque es preceptiva de la liturgia que celebramos, sino que esas palabras expresan una experiencia que cada cristiano ha podido vivir durante su vida cotidiana y, principalmente, en el sacramento de la reconciliación. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros» (1 Jn 1, 8); nuestra verdad es que hemos pecado y ¡hemos sido perdonados!, por eso podemos afirmar con verdad y con gozo que el Señor es compasivo y misericordioso.