La pornografía consumida de forma inadecuada -como puede ser por niños o adolescentes- tiene un impacto brutalmente nocivo para su correcto desarrollo psicoafectivo. No le damos a un crío un filete de carne antes de que le salgan los dientes... Por qué, sin embargo, normalizamos -sin pestañear- que tantos niños y adolescentes estén consumiendo contenidos tan impactantes para sus cerebros, cuando todavía ni se les han caído ¡los dientes de leche!