Tras la caída del Bloque soviético, el Estado cubano apostó, sobrevivir, a una hábil combinación de represión hacia dentro y seducción hacia fuera. El control interno de la economía, la política, la educación y la comunicación de masas, se combinó con la aparición oficialmente autorizada de intelectuales reformistas, espacios de debate cultural y Organizaciones No Gubernamentales gubernamentales. Estos últimos debían ofrecer una apariencia de apertura para el mundo, conectando con academia y políticos de Occidente