Dime qué esperas de mí.
Dime, ¡carajo!
Dime si sólo esperas un vuelo tranquilo y entretenido del que no salir más que con otro vuelo en la cuenta y un poco menos de miedo a volar. Dime si solo esperas que pasee unas cuantas tardes por tu cuerpo y no me atreva a querer. Que ni pronuncie el amor. Que no lo haga ni lo acerque, que pase de largo y me busque otro vuelo mientras buscas dolor, para poder llamarme "cabrón". Dime. Porque tengo en el bolsillo los billetes y no he sacado vuelta. Porque tengo el corazón en la mano y no sabe qué le espera. Porque tengo los labios secos, las piernas temblorosas y el alma en alerta. Mientras me juzgas por viejos viajes turbulentos en los que yo no llevé las maletas. Por cada aterrizaje forzoso que te puso el corazón en cuarentena. Por cada dolor de cabeza. Cada salida con retraso que te hizo tener miedo a la pérdida. Sintiéndome un viajero de mierda en este vuelo, tan solo porque ya no crees en una compañía de la que yo nunca formé parte. Porque mientras viajabas, yo estaba sentado en el aeropuerto, sin asumir absurdos viajes, tan solo por esperar, por esperarte, eligiendo la monotonía de esas vistas, para que cuando tocase volar, fuese mi corazón quien eligiese el destino al que enfrentarme.
Dime qué es lo que quieres,
porque sólo me sale quererte,
y no quieres que te quiera,
porque sabes que quien quiere,
sin querer se estrella,
pero ¡carajo! ¿qué querías?
si no quiero doler,
y parece que quieres que duela,
y al final quieres volar otra vez
y yo, por quererte querer,
soy el que sin querer,
se estrella.