En esta parte inicial se establece contacto a partir de poner enfrente del escucha, su inico del día. De tal modo, que al inmaduro se le confronta con una grandilocuente verdad:
La presencia de nuestro dios altísimo. La que debiera ser, no solo entendida, sino vivida cada día, cada despertar, por todo creyente:
Al incrédulo, por otra parte, se le confronta, además del planteamiento inicial, con una verdad irrefutable: todo lo que el hombre alcanza a ver, desde el microcosmos hasta el universo, revelan la inevitable existencia de un creador.