vámonos a la vida que nos esperan
islas de tierra y mar, olas desnudas,
y una marea que empuja con sus espumas.
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Ya no quedan colores sobre las rocas,
los precipicios son negros como es el aire
si acribillan estrellas, así es la angustia
cuando es la tristeza quien la desangra.
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Duermen a la intemperie sueños a solas,
y camina la rabia por esos lares
entre aguas revueltas y los millares
de pies que van descalzos ausentándose
en hombros de futuras montañas,
latiendo al infinito en palomas al vuelo
en busca de ese arca donde posar sus alas.
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Cómo puede olvidarse el hombre de la historia
si vamos tan despacio hacia la cumbre
con palos en las ruedas, caminando en la noche
con gusanos y almíbar y rompiendo a diario las piedras que pisamos.
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La orilla próxima está en el infinito
muy cerca del paso que llevamos,
nos vamos alejando cada vez mas
del final que buscamos, un único horizonte,
un horizonte humano al resguardo de lluvias,
huyendo de las llamas, silencio en rebeldía
alejando las manos, los besos, la mirada,
olvidando el abrazo que nos trajo a la vida.
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Chema Muñoz©