El presidente Luis Abinader se puso el uniforme de líder del proceso social y económico más difícil que ha vivido el país en las últimas décadas. El discurso tuvo el contenido que la población quería oír. Ahora necesita frenar el galloloquismo de sus funcionarios y convencer que la austeridad es la norma de su administración.
Las personas que se levantaron frente a los impuestos, no quieren escoltas, no quieren orquídeas y no quieren pagar almuerzos, cenas ni picaderas de ningún funcionario. No quieren gastos en relaciones públicas ni inversión en publicidad innecesaria. De eso tuvimos 16 años consecutivos y ahora estamos pagando.