Caminar sin Dios es andar por un camino sin sentido. Pero caminar con Él,
obedecerle, es vivir con propósito, con dirección y con esperanza eterna.
Que hoy podamos tomar la decisión de alinearnos a su voluntad, no por
miedo, sino por amor y por fe.
Obedecer a Dios es caminar con sentido, hacia la vida eterna.