¿Qué ocurre cuando una artista convierte su voz en conciencia pública y el mundo solo quería una canción? Una mujer educada en la plegaria decide rasgar el silencio colectivo y paga el precio de ser escuchada como intérprete mientras se la ignora como testigo. Sinéad O’Connor fue celebrada por su belleza vocal, castigada por su lucidez y comprendida demasiado tarde