David intenta consolar a Hanún, amonita, por la muerte su padre, el rey Nahas, pero su buen gesto es mal interpretado. Así sucede a veces con actos de misericordia. Los mensajeros de David son tratados muy mal y regresan a Israel con extrema vergüenza. No solamente mal agradecidos, los amonitas son agresivos. Se desata una batalla, pero Dios ayuda a Joab y a Abisai para aplastar al enemigo, quienes habían contratado a sirios en su intento vano de pelear, realmente, contra Dios.