La gracia no solo es la disposición de Dios para bendecirnos cuando no lo merecemos. Es el poder de Dios que, en efecto, obra y hace que ocurran cosas buenas en nosotros y para nosotros.
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y Su gracia para conmigo no resultó vana. Antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”. (1. Cor. 15:10)