Era tradición en el mundo del fútbol despedir los entrenamientos de cada temporada con un partidillo entre solteros y casados. Cuando Alberto Ormaetxea llegó al final de la gloriosa etapa en la que dirigió a la Real Sociedad no escapó a esa tradición. Su último partido en la temporada 1984-1985 fue ese, colocando además a los jugadores fuera de puesto para que disfrutaran. Y hubo goleada, claro.