Una iglesia en Muncie, Indiana, quedó completamente inundada después de fuertes lluvias. Mientras enfrentaban los daños, varios miembros decidieron permanecer dentro del templo y adorar a Dios en medio del agua. Su testimonio nos recuerda que la fe no niega el dolor, pero puede sostenernos cuando las circunstancias cambian y todo parece fuera de control.