SOMOS DE SANGRE AZUL
Vuélvete agua, argenta o azabache,
o quizá hendidura de sal de los océanos,
sácame de ti como ola en verso,
precursor del avance del mar muerto
en las redes que son siempre de exilios de esperanza.
Vuélvete de nuevo sonrisa reflejando tu nombre,
la existencia de llantos del sudor de volcanes,
el destierro infeliz que tomas con urgencia
por robarte la eterna sangre azul de nuestros mares.
Vuélvete a columpiar colgada de sedas transparentes
de la luz de la luna, distánciate en la soledad anónima
de todos los sin rostro, ni miradas, ni de la idea amarga
de los cabellos blancos sin refugio en la historia,
ni una mano abisal que los sorprenda.
Vuélvete hacia el deseo de ser tan humano
como lo es el mar, que se nace a diario si nuestra cobertura
desterrando la paz que a todos nos rodea
suplicando al cielo su paz como alimento,
esa paz en la sal de la que nos nacimos
que es ahora la savia que circunda en nuestras venas.
Vuélvete a la mirada del eterno universo
y al grisú donde danzan tus manos
besando cada noche el encuentro en la piel
a orillas de tu amor, ese túnel de plata
donde las caracolas elevan nuestros cantos,
donde el reloj de cuco nos mide nuestro tiempo
cuando se balancean ademanes chinescos
entre las carcajadas y anémonas del viento.
Y vuélvete si quieres, agua, argenta o azabache
y deja que tu boca grite de alegría,
los tímpanos se limpien del rumor de tinieblas
que tus manos destrocen las puertas del dolor
y abran a la paz y cierren las discordias
y que la soledad no encuentre al universo.
Somos de sangre azul nacimos de los mares.
Chema Muñoz©