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En este episodio hablamos con Jefferson y Yisel acerca de su testimonio. Una historia que quizá no comenzó de la manera más idónea o de la manera que muchos considerarían correcta. Hablamos de cómo iniciaron su relación, de las crisis que atravesaron en su matrimonio y de cómo Dios hizo nuevas todas las cosas cuando decidieron rendirse a Él.
También escuchamos algo que nos pareció impresionante. Cómo Jefferson conoció al Señor mientras servía en el ejército y fue allí donde un compañero militar marcó su vida para siempre. Aquel hombre estaba atravesando un cáncer terminal y se encontraba en los últimos días de su vida y aun así, en medio de esa situación, había algo diferente en él; través de una mirada y de unas pocas palabras, Jefferson pudo ver a Cristo.
Cantar.
Predicar.
Servir en algún ministerio.
Ayudar en alguna actividad.
Pero ¿y si nunca se trató principalmente de hacer?
¿Y si el servicio tiene que ver primero con ser?
Porque la realidad es que nosotros, por nuestras propias fuerzas, no podemos servir a Dios.
El único que puede agradar al Padre, obedecer al Padre y vivir para el Padre es Cristo.
Por eso Jesús dijo que no vino para ser servido, sino para servir.
Y ahí está la clave.
No se trata de cuánto hacemos.
Se trata de cuánto espacio le damos a Cristo para vivir su vida en nosotros.
Porque si Él no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican.
Y si Él no sirve a través de nosotros, terminaremos cansados intentando producir algo que solamente puede venir de Él.
En este episodio volvemos a encontrarnos con la misma verdad que atraviesa toda la Biblia:
No se trata de nosotros.
Se trata de Cristo.
El Alfa y la Omega.
El principio y el fin.
Familia, tienen que escuchar este episodio completo. 📌❤️🔥🎙️
En este episodio hablamos de algo que el Señor puso en nuestro corazón hace un tiempo.Y fue claro.Nos dijo:“Sean iglesia.”Y eso nos movió.Porque muchas veces decimos:“Hay que invitar a alguien a la iglesia”…sin entender algo básico:nosotros somos la iglesia.
La gente primero tiene que ver a Cristo en nosotros, antes de llevarlos a un lugar de cuatro paredes. Y ojo, eso no quiere decir que congregarnos no sea importante.Claro que lo es.Pero hay que tener claridad:somos templo del Señor.
Cristo se forma en nosotros…y así somos iglesia.También hablamos de las iglesias del Apocalipsis,y nos detenemos en Esmirna.Cuando el Señor dice:“Sé fiel hasta la muerte.”Y entendemos que eso es lo que Él espera: fidelidad.Pero no desde el esfuerzo humano.Porque cuando Cristo no está formado en nosotros, obedecer pesa… cansa… se vuelve una carga.Pero cuando Cristo vive en nosotros, todo cambia.
Ahí sí damos todo.Nos entregamos.Vivimos para Él.Eso es ser iglesia.
Dios ha sido fiel desde el principio.Desde el momento en que nos creó…y aún más cuando nos rescató.No solo nos dio existencia, si no que ideó un plan de Salvación que se trata de Cristo en nosotros, Él nos libro de las tinieblas
y nos trasladó al Reino de su amado Hijo.Y eso no es cualquier cosa.Entregó a su Hijo por nosotros…siendo nosotros pecadores.Y no se quedó solo en lo eterno.También en lo cotidiano damos testimonio de lo mismo:Dios siempre ha estado, siempre ha sido fiel Y el mismo Dios que levantó a Cristo de los muertos…es el que hoy habita en nosotros.Él mismo quiere mostrarse a ti como lo que es:Dios fiel.Dios que da vida real. Y vida en abundancia.
“Todos quieren ir al cielo, pero nadie quiere morir.”Y es verdad.Muchas veces queremos lo eterno,queremos la salvación,queremos que Dios haga cosas en nuestra vida…pero no siempre estamos dispuestos a rendirnos, a obedecer o a confiar en Él.La salvación no depende de nosotros.La salvación es obra de Dios.Pero sí hay algo que el Señor nos pide:obediencia.Así como le dijo a Josué:“Esfuérzate y sé valiente”.En este episodio hablamos de poner nuestra mirada en Cristo, en lo eterno, en lo que realmente importa.Porque querer el cielo es fácil.Aprender a caminar con Dios… es otra cosa.Escucha el episodio completo.
En este episodio hablamos de un tema que la Biblia menciona muchísimo: el dinero.
Pero no para enseñarnos a perseguirlo… sino para cuidar nuestro corazón.
Hoy en día se ha enseñado que prosperar económicamente es sinónimo de que Dios está contigo.
Que si tienes abundancia material, entonces estás “bendecido”.
Y si no, algo falta en tu fe.
Pero eso no es lo que enseña la Escritura.
Jesús mismo habló de la parábola del rico y el pobre Lázaro, donde el que vivía en abundancia terminó en perdición, y el que vivía de migajas encontró consuelo eterno.
Entonces, ¿qué quiso enseñarnos Dios con tantos pasajes sobre el dinero?
No que lo adoremos.
No que lo convirtamos en meta.
Sino que entendamos que el dinero es un medio, nunca un fin.
Sí, debemos ser responsables.
Sí, debemos administrar bien.
Pero nuestra esperanza no está en la prosperidad material, sino en la vida eterna.
Este episodio es una invitación a revisar el corazón:
¿Estamos alineados con el Reino de Dios… o con las promesas temporales de este mundo?
Porque no todo el que tiene mucho está bendecido.
Y no todo el que tiene poco está lejos de Dios.
En este episodio hablamos de un tema que la Biblia menciona muchísimo: el dinero.
Pero no para enseñarnos a perseguirlo… sino para cuidar nuestro corazón.
Hoy en día se ha enseñado que prosperar económicamente es sinónimo de que Dios está contigo.
Que si tienes abundancia material, entonces estás “bendecido”.
Y si no, algo falta en tu fe.
Pero eso no es lo que enseña la Escritura.
Jesús mismo habló de la parábola del rico y el pobre Lázaro, donde el que vivía en abundancia terminó en perdición, y el que vivía de migajas encontró consuelo eterno.
Entonces, ¿qué quiso enseñarnos Dios con tantos pasajes sobre el dinero?
No que lo adoremos.
No que lo convirtamos en meta.
Sino que entendamos que el dinero es un medio, nunca un fin.
Sí, debemos ser responsables.
Sí, debemos administrar bien.
Pero nuestra esperanza no está en la prosperidad material, sino en la vida eterna.
Este episodio es una invitación a revisar el corazón:
¿Estamos alineados con el Reino de Dios… o con las promesas temporales de este mundo?
Porque no todo el que tiene mucho está bendecido.
Y no todo el que tiene poco está lejos de Dios.
J Y A.
Muchos crecimos en edad… pero no en carácter.
Aprendimos a decir sí cuando queríamos decir no, a agradar a otros para no quedarnos solos, a vivir inseguros, dudando de nuestro valor y de quiénes somos.
En este episodio hablamos de algo profundo y necesario:
la formación del carácter de Cristo en nosotros.
Porque seguir viviendo desde la inseguridad, la falta de identidad y el miedo al rechazo no es madurez, es una herida que nunca fue tratada.
Aquí conversamos sobre:
• por qué nos cuesta tanto decir “no”
• cómo la inseguridad sigue marcando decisiones de adultos
• cómo Dios forma nuestro carácter a través de procesos
• y cómo nuestra identidad en Cristo nos da un valor que no depende de la aprobación de nadie
El carácter no se improvisa.
Se forma cuando dejamos que Dios trate nuestro corazón, afile nuestras decisiones y nos enseñe a vivir desde lo que Él dice que somos.
Hay momentos en la vida donde Dios nos lleva al desierto.
No para castigarnos, sino para tratarnos, ordenarnos por dentro y volvernos a lo esencial.
En este episodio hablamos de algo que a nadie le gusta, pero que todos necesitamos:
asumir nuestras responsabilidades, dejar de huir, y permitir que Dios nos ame y nos forme en medio del desierto.
El desierto no es ausencia de Dios.
Es el lugar donde se cae el orgullo, se rompe la autosuficiencia y empieza a formarse el carácter de Cristo en nosotros.
Allí aprendemos que:
• no todo se resuelve rápido
• no todo se entiende al instante
• pero si tenemos a Cristo, lo tenemos todo
En este episodio 63 hablamos de temas difíciles pero profundamente necesarios: la venganza, el perdón y la justicia de Dios.
Partimos de una verdad central del Evangelio:
nosotros hemos sido perdonados completamente en Cristo, y desde ese lugar somos llamados a perdonar a quienes nos han hecho daño. No porque la injusticia no duela, sino porque el amor que hemos recibido es mayor.
Como Dios le dijo al profeta Habacuc, que escribiera la visión porque aunque tardara, se cumpliría, así también aprendí que la justicia de Dios no falla ni llega tarde. Él ve, Él juzga y Él se encarga.
Este episodio nos invita a hacer dos cosas al mismo tiempo:
➡️ dejar la justicia en manos de Dios,
➡️ y otorgar perdón, recordando que a nosotros se nos ha perdonado todo.
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