La ofensiva alemana para capturar Stalingrado comenzó a finales del verano de 1942 en el marco de la Operación Azul o Fall Blau, un intento por parte de Alemania de tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso. Stalin conocía la importancia simbólica y militar que tenía la ciudad, por ello ordenó defenderla a toda costa y por encima de cualquier vida rusa. Esto llevó a una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial.