Subsidiar gastos es un lujo que sólo las economías muy potentes pueden darse de vez en cuando y por tiempo limitado. Pero que lo haga una economía débil como la nuestra y encima tomando deuda, linda con la irresponsabilidad. Ya lo estamos haciendo al obsequiar dinero que no nos sobra en pescadores, artistas, comerciantes de frontera, etc. Ahora entramos al espeso negocio de los combustibles que mueve miles de millones de dólares importando derivados sujetos hoy a los vaivenes de una guerra inesperada y con pronóstico más que reservado.