El movimiento ye-yé fue mucho más que una moda musical pasajera. Fue el momento exacto en el que la juventud, por primera vez en la historia moderna, comenzó a construir su propia identidad cultural, sonora y estética.
Nacido en la Europa de la posguerra, el ye-yé surgió como la reinterpretación local del rock and roll estadounidense y del pop británico, especialmente influenciado por la explosión cultural que provocaron bandas como The Beatles. Pero lo que comenzó como una adaptación musical terminó convirtiéndose en un fenómeno social que transformó la moda, el lenguaje, el entretenimiento y la forma en la que la juventud se veía a sí misma.
En Francia, el movimiento encontró su epicentro. A través de programas de radio icónicos y una industria musical que entendió el poder del mercado juvenil, surgieron figuras que marcaron una generación completa. Artistas como Françoise Hardy, France Gall y Sylvie Vartan representaron distintas caras del ye-yé: desde la introspección emocional hasta la estética pop brillante que definió los años 60.
En España, el ye-yé se desarrolló en un contexto político complejo. Bajo la censura del franquismo, la música juvenil tuvo que adaptarse para sobrevivir. Aun así, el movimiento logró convertirse en una vía de expresión cultural para toda una generación que buscaba modernidad, identidad y una ventana hacia el mundo exterior.
En México, el ye-yé encontró una identidad propia. A través del cine, la televisión y la radio, el movimiento se integró a la cultura popular de forma profunda. Figuras como Angélica María, Enrique Guzmán, César Costa y Julissa ayudaron a consolidar una narrativa juvenil cercana, aspiracional y profundamente influyente en el desarrollo posterior del pop en español.
Sin embargo, detrás del brillo del movimiento también existían tensiones. Muchos artistas rechazaban la etiqueta ye-yé por considerarla limitante o demasiado comercial. Algunas canciones fueron modificadas para cumplir con normas sociales, culturales o políticas. Y, como muchos fenómenos culturales intensos, el movimiento fue breve, transformándose rápidamente con la llegada del rock psicodélico, la canción de autor y los cambios sociales de finales de los años 60.
A pesar de su corta duración, el legado del ye-yé sigue vivo. Sentó las bases del pop moderno, del concepto de ídolo juvenil global y de la relación entre música, moda y cultura visual que hoy domina la industria del entretenimiento.
Este episodio de Vitamina M es un viaje sonoro y cultural hacia el momento en el que la juventud comenzó a hablar su propio idioma musical. Un recorrido por la historia, la memoria colectiva y el impacto invisible de un movimiento que, aunque breve, cambió para siempre la forma en la que entendemos la música popular.
Si alguna vez te has preguntado cuándo la música dejó de ser solo entretenimiento para convertirse en identidad generacional… este episodio es para ti.
Vitamina M — Donde la música no solo se escucha… se recuerda.