La idea de que hay cosas en nuestro cuerpo que hay que corregir comienza a una edad temprana. Ya sea por las revistas, la tele, lo que vemos en el hogar o en el colegio. Desde la delgadez, pasando por los frenillos y hasta el busto prominente. Tengo el recuerdo de mi madre paseándose por la casa con lo que fue un tarrito de Nescafé relleno con cera caliente ofreciendo una depilación rápida de bigotes a quien la pudiera necesitar.
Porque somos las mujeres quienes recibimos la incansable presión por “mejorar” todo aquello que pueda estar “mal”. Recuerdo también cuando en los noventas pasamos de las modelos súper flacas, delgadas “como una tabla”, a las pechugas de Pamela Anderson. O el mito de la eterna Cher que, como decían por ahí, ante un eventual desastre nuclear seguro sobrevivirían las cucarachas y ella. Si bien siempre escuchamos de personajes de jet sets lejanos que se operaban para rejuvenecer o para parecerse a una pantera, siempre se sintió como algo profundamente lejano. Hasta que ya no.
Hasta que las cirugías también las empezamos a ver acá. Tímidamente algunos personajes de la farándula local aparecían de pronto renovados, respingados, delgados y puntiagudos. Nunca más una nariz aguileña. Nunca más un diente chueco. Nunca más una persona con sobrepeso. Nunca más un pelo fuera de lugar. Cuesta observar todo eso siendo mujer pues sabemos lo que se espera de nosotras. Sabemos de la inclemencia del tiempo y el mandato de la eterna juventud. Ambas cosas no saben convivir en paz.
Madonna, que fue mi ídola de la infancia, vive actualmente en ese limbo de la no vejez, de la no edad, de la no naturaleza. ¿Cómo imaginar una vejez tranquila y libre si no tenemos referentes que la abracen con todo lo que esta conlleva? Asoman las ganas de ser la primera, la pionera, el referente. Pero cuesta. Eso significa ser también mártir. Ofrecerse a la burla, a la falta de likes y de sexo. A terminar relegada en el rincón de las viejas, faltas de brillo y turgencia. Quizás una cosita por aquí y por allá no haga tanto daño. Ya veremos cómo sigue este reality llamado VE SI PUEDES ENVEJECER CON DIGNIDAD, CHIQUITA.
Es extraño el espectro de movimiento. Por un lado queremos ser únicos, pero las cirugías nos uniforman físicamente. Entendemos que en la diversidad también hay belleza, que “todos los cuerpos son válidos”, pero estamos tapadas en filtros tomándonos fotos. ¿Cuál es entonces la tendencia? Por supuesto, nada de esto es exclusivo del tiempo presente, ni de la cultura occidental. Son MUCHAS las culturas que tienen y han tenido modificaciones culturales con fines estéticos. Cuellos largos a punta de dispositivos alargantes, cráneos ovalados, labios en los que se insertan platos, pies pequeñísimos, cuerpos tatuados.
Hoy en Pero qué necesidad! hablamos de esto y mucho más, pues estamos hablando sobre LAS TECNOLOGÍAS DE LA BELLEZA.