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“Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón.”- Santiago Rusiñol
Actualmente, los Estados modernos y las democracias liberales funcionan —o pretenden funcionar— bajo una premisa fundamental: el consenso. Su población acepta, más o menos, una idea de justicia situada en un punto medio razonable. Cedemos parte de nuestra libertad y de nuestros instintos de venganza al Estado a cambio de que este administre una justicia predecible y compartida.Pero la pregunta que hoy nos sacude es existencial: ¿Qué pasa cuando ese centro se rompe? ¿Qué pasa cuando cada quien puede decidir, unilateralmente, lo que considera justo? ¿Un tipo de sociedad así, atomizada en millones de jueces individuales, es posible o sostenible? La respuesta corta es no. La respuesta larga es la crónica de nuestra decadencia actual.
By AulaDH“Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón.”- Santiago Rusiñol
Actualmente, los Estados modernos y las democracias liberales funcionan —o pretenden funcionar— bajo una premisa fundamental: el consenso. Su población acepta, más o menos, una idea de justicia situada en un punto medio razonable. Cedemos parte de nuestra libertad y de nuestros instintos de venganza al Estado a cambio de que este administre una justicia predecible y compartida.Pero la pregunta que hoy nos sacude es existencial: ¿Qué pasa cuando ese centro se rompe? ¿Qué pasa cuando cada quien puede decidir, unilateralmente, lo que considera justo? ¿Un tipo de sociedad así, atomizada en millones de jueces individuales, es posible o sostenible? La respuesta corta es no. La respuesta larga es la crónica de nuestra decadencia actual.