El movimiento Talibán se apresta a gobernar Afganistán. Pese a quien le pese, y le guste a quien le guste. Así lo han dejado claro, por activa y por pasiva, con hechos y con palabras. Y piden la rendición incondicional de las ciudades a riesgo de que haya más derramamientos de sangre. Una estrategia que ya ejecutaron en la década de 1990.