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A pesar de pertenecer al conjunto de sociedades de la Antigüedad, en Europa nadie confunde a la antigua Grecia con Mesopotamia, Egipto o la India védica. La tradición historiográfica nos ha enseñado que Grecia es nuestra tierra materna y es tal la familiaridad que sentimos hacia el mundo heleno, que todos reconocemos en la Odisea y el Partenón las bases de la autoctonía de Occidente.
Divididos en tribus y cientos de ciudades, los antiguos griegos se han convertido en la actualidad en “nuestros” griegos. Generaciones de helenistas han transmitido la idea de que fueron los primeros que tuvieron “el gusto por lo universal” y que inspiraron el espíritu mismo de “nuestra civilización occidental”.
Mientras que en la Divina Comedia el héroe griego se vio abocado a relatar la historia de su fracasada expedición desde una espiral de fuego situada en el Infierno, su lugar en la DIVINA COMPOSTELA era, sin embargo, el Paraíso, nombre con el que se conocía a la plaza donde se erigía una columna de mármol entorchada con la crónica pétrea de su triunfal regreso ( nostos) a la Ítaca celestial de Occidente.
Conservada en la actualidad en los museos catedralicios, esta obra maestra de la plástica románica procede de la portada norte de la catedral compostelana, conocida como la Porta Francígena, entrada a través de la cual accedían al templo los innumerables peregrinos que, tras haber recorrido un largo camino salpicado de tentaciones y peligros, se acercaban a la tumba de Santiago, el apóstol cuyo cuerpo, al igual que Ulises, había cruzado las columnas de Hércules para descansar eternamente en los confines occidentales del mundo conocido.
En los cuatro registros helicoidales de este fuste se despliega un sermón en imágenes compuesto, en su núcleo central, por episodios cristianizados de la epopeya de Ulises. En ellos se combina un discurso moralizante presentando a Ulises como el ejemplo modélico de peregrino que, superando las tentaciones del camino, consigue alcanzar su meta espiritual, con una exposición doctrinal en clave tipológica sobre la Encarnación de Cristo y el papel de la iglesia en la odisea cristiana de la salvación.
La Roma antigua fue escenario de cambios trascendentales que habrían de tener una influencia definitiva en el futuro de los libros, la lectura y las bibliotecas.
El pueblo romano comenzó la conquista del mundo mediterráneo y la conformación de su amplio territorio a partir del siglo V a. de C. Por medio de las armas los romanos conquistaron una gran cantidad de pueblos con diferentes costumbres, tradiciones y cultura, aunque también es importante destacar que casi de forma simultánea se fueron ejerciendo un tipo diferente de conquista: la conquista cultural. Los romanos tuvieron cuidado de tomar todo lo bueno de cada pueblo conquistado y adaptarlo, es lo que los especialistas llaman «latinización o romanización del mundo antiguo».
La lectura no es solamente una operación intelectual abstracta: es una puesta a prueba del cuerpo, la inscripción en el espacio, la relación consigo mismo o con los demás. Los griegos –o para ser más precisos, algunos de ellos– practicaban la lectura silenciosa, y en la época de la guerra del Peloponeso, los poetas dramáticos podían contar con una familiaridad de su público con ella.
En el período arcaico tardío los griegos concebían a sus héroes legendarios no solamente como grandes hombres de un pasado glorioso, sino también como una suerte de entidades sobrehumanas capaces de proteger a todo aquel que les tributase honores por medio de sacrificios, ofrendas y juegos. Los grandes hombres de la Ilíada y la Odisea, como Aquiles, Odiseo o Agamenón, probablemente comenzaron su andadura épica como reyes, guerreros o nobles micénicos o, al menos, como cabecillas de jefaturas creadas en la tradición oral de la Época Oscura. Más tarde finalizarían transfigurados en semidioses y siendo adorados como héroes. Parece muy probable que tanto Homero como Hesíodo hayan concebido el pasado más distante como una edad en la que el mundo estaba habitado por una raza semi divina. La arqueología parece mostrar que tal percepción de ese pasado emergió ,no mucho antes de la composición de los grandes poemas épicos, hacia 750 a. e. c., en una época coincidente con relevantes cambios sociales.
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Este pódcast es una extensión de mi novela DROGAS, SEXO, MAGIA y RELIGIÓN EN EL MUNDO ANTIGUO. Pero también aparecerán historias relacionadas con otras de mis novelas ambientadas en la Edad Media,…
Durante el Renacimiento, los europeos quedaron fascinados con el mundo antiguo, es decir, las civilizaciones de la antigua Grecia y Roma. Los restos físicos de estas civilizaciones -teatros, columnas y arcos triunfales, acueductos, puentes- salpicaban todo el paisaje mediterráneo. El mundo antiguo fue considerado la cúspide de nuestra civilización. Sobre todo ello versa este pódcast.