Se dice que hace muchos años, allá por la época de los cristeros, vivió una joven muy hermosa. Chaparrita, ojos color miel enormes como el sol, sonrisa grande, cabello color canela y con aroma a leña de cedro, incomparable. No existía ser en esta tierra a su alrededor, capaz de evitar voltear su mirada al verla pasar de largo.