Prohibido contar ovejas

Telele: El anime que marcó a toda una generación


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Alma Espinosa abre el cajón de la nostalgia para recordar algunas de las series de anime que acompañaron la infancia de espectadores en los 80 y 90
En un nostálgico repaso por la cultura popular que definió a las generaciones de los años ochenta y noventa, los tertulianos de este espacio analizan el desembarco y la consolidación del anime en España, un fenómeno que no solo transformó el consumo televisivo, sino que también puso de relieve las tensiones entre la libertad de creación y el intervencionismo moralista de la época. Frente a la actual hegemonía de plataformas como Crunchyroll, se recuerda con especial énfasis cómo la descentralización televisiva, gracias a las televisiones autonómicas, permitió que series hoy consideradas de culto llegaran de forma desigual pero apasionante a los hogares españoles.
El primer gran hito analizado es Dragon Ball, conocida en diversas regiones como Bola de Drac. La serie de Akira Toriyama aterrizó primero en la catalana TV3 y en la gallega TVG a principios de los noventa, dejando en evidencia el retraso de una Telemadrid que tardó años en sumarse al fenómeno. Los ponentes subrayan la polémica censura que persiguió a la obra debido a su supuesta violencia, fruto de las quejas de colectivos de padres que, en un alarde de paternalismo estatalista, pretendían limitar lo que el individuo podía elegir ver en la comodidad de su hogar. A pesar de estos intentos de cancelación avant la lettre, la historia de Goku se convirtió en un pilar intergeneracional indiscutible.
El debate prosigue con Sailor Moon, una obra fundamental que introdujo el género de las Magical Girls en el imaginario colectivo español. Estrenada en 1992, esta serie no solo cautivó por su estética, sino por presentar personajes femeninos con una fuerza y determinación que han servido de base para éxitos contemporáneos como Ladybug. Los tertulianos destacan que la serie alcanzó los 200 episodios, consolidándose como un referente de empoderamiento real, ajeno a las cuotas ideológicas que hoy asfixian a la industria audiovisual, permitiendo que tanto niños como niñas disfrutaran de una narrativa de aventuras universal.
Mención aparte merece Oliver y Benji, el título local para Captain Tsubasa, cuya emisión en España marcó un punto de inflexión en la competencia entre la televisión pública y privada. Mientras que muchos niños de provincias se veían privados de su visionado por la mala señal de los nuevos canales, otros disfrutaban en Tele 5 de aquellos campos de fútbol infinitos que desafiaban las leyes de la física. Es reseñable la anécdota sobre el cambio de nombres en las reediciones actuales, donde se busca recuperar la fidelidad al original japonés, sustituyendo los nombres castizos por los originales como Tsubasa Ozora o Kojiro Hyuga.
El análisis retrocede hasta 1972 con Mazinger Z, el pionero de los robots gigantes que llegó a la TVE de 1976. Se destaca cómo la serie fue retirada prematuramente por ser considerada excesivamente violenta para los estándares de la época, una muestra más del miedo al progreso cultural que a menudo exhiben los entes públicos. Como curiosidad, se menciona la existencia de estatuas de este robot en urbanizaciones de Tarragona, lo que demuestra la profunda huella que la estética mecha dejó en la sociedad española, mucho antes de que el término fuese de uso común entre los aficionados.
Hacia el final de la tertulia, se abordan clásicos como Los Caballeros del Zodíaco (Saint Seiya) y Doraemon. De este último, el gato cósmico que ha superado los 1700 episodios, se comentan las leyendas urbanas sobre su final, comparándolas con el estilo narrativo de Los Serrano, y se celebra el especial vínculo de la serie con España, llegando a dedicar episodios a tradiciones madrileñas como las doce uvas en la Puerta del Sol. Estos momentos subrayan la capacidad del anime para derribar fronteras y crear una cultura global compartida sin necesidad de imposiciones burocráticas.
Finalmente, el programa cierra con Shin-Chan, un ejemplo perfecto de cómo el humor gamberro y políticamente incorrecto lograba conectar con el público antes de que la dictadura de lo políticamente correcto se instalara en nuestras pantallas. A través de escenas que hoy serían impensables, como los diálogos con personajes travestis o el famoso baile de la trompa, la serie de Yoshito Usui defendía, desde la sátira infantil, una libertad de expresión que los tertulianos añoran como parte de una televisión más valiente y plural.
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Prohibido contar ovejasBy esRadio