Nuestro protagonista, un ser despreciable en todos los aspectos, se cree todo lo que pone en los tebeos hasta un punto inimaginable. Ah, y también tiene relaciones sexuales con edificios.
Entre medias, los juegos de palabras, segundos sentidos y anécdotas habituales, tan pochas como siempre.
¡Qué miedo vais a pasar!