Este pasaje anima a los creyentes a recordar los primeros días de su fe, cuando soportaron sufrimientos y persecuciones con valentía, incluso compartiendo en el dolor de otros y aceptando la pérdida de bienes materiales con alegría, porque sabían que tenían una recompensa eterna (vv. 32-34).
El autor exhorta a no desechar la confianza en Dios, ya que tiene una gran recompensa, y a perseverar haciendo la voluntad de Dios para recibir lo prometido (vv. 35-36). Se cita a Habacuc 2:3-4 para enfatizar que el justo vivirá por fe y que Dios no se complace en aquellos que retroceden (vv. 37-38). Finalmente, se declara con esperanza que los creyentes no son de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservar el alma (v. 39).