En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presenta sus tentaciones. Jesús sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de nuestras debilidades y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios.
Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto con Satanás. No quiere que nos intimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente: “¡Tened ánimo! Yo he vencido al mundo.” (S. Juan 16:33)