
Sign up to save your podcasts
Or


Hoy quiero invitarte a viajar casi mil setecientos años atrás. No te preocupes: no vamos a una sala de clases ni a un museo polvoriento, sino al corazón de una pregunta que sigue viva.
Una pregunta sencilla y peligrosa a la vez: ¿quién es Jesucristo?
En el año 325, la Iglesia se reunió en una ciudad llamada Nicea. No lo hizo por curiosidad histórica ni por gusto a las discusiones. Lo hizo porque estaba en juego algo esencial: la fe misma. Algunos decían que Jesús era un gran maestro, una criatura excepcional, alguien muy cercano a Dios… pero no Dios. Suena familiar, ¿no? A veces hoy escuchamos lo mismo, solo que con palabras más modernas.
Los obispos de Nicea entendieron algo clave: si Jesús no es verdaderamente Dios, entonces la fe se vuelve un lindo discurso, pero sin salvación real. La Iglesia no defendió una idea abstracta; defendió una experiencia viva: en Jesús, Dios mismo sale al encuentro de la humanidad.
Por eso el Credo no es una fórmula fría. Es una confesión nacida de la oración, de la celebración y, también, del conflicto. Cuando decimos “Dios de Dios, Luz de Luz”, estamos diciendo algo muy concreto: que no estamos solos, que Dios no se quedó lejos, que se metió en nuestra historia.
Tal vez Nicea nos queda lejos en el tiempo, pero no en la vida. Cada vez que rezamos el Credo sin pensarlo mucho, Nicea nos susurra: “ojo, esto no es rutina; aquí se juega tu esperanza”.
Y entonces la pregunta vuelve, sin rodeos: ¿quién es Jesús para ti?
En la fragilidad y la confianza en Dios, José y María caminan en la fe cotidiana, en la paciencia y en el amor diario. Es una familia posible, no idealizada.
From the publisher's feed
Reflexiones de fe, teología y actualidad. Mientras se camina, se conversa y comparte como peregrinos del mundo cambiante el mensaje de Jesús en el mundo actual. Un podcast de Cristian Ahumada…