Jesús no fue sólo un hombre de acción – hacía milagros -, sino también un hombre de palabra – sus seguidores lo llamaban “Maestro”. Jesús hacía y decía, y conjugaba en su justa proporción lo uno y lo otro, y tanto hablando como actuando, hacía presente en mundo el Reino de Dios, que es un reino de verdad, de justicia, de libertad, de amor y de paz.