Cuando The Church publicó Starfish en 1988, la banda australiana llevaba años perfeccionando un sonido propio dentro del rock alternativo: guitarras cristalinas, atmósferas etéreas y una sensibilidad melancólica que parecía suspendida entre la psicodelia y el post-punk. Sin embargo, fue con este álbum que ese universo alcanzó su forma más accesible y, paradójicamente, más expansiva. Starfish es el punto donde la introspección se convierte en himno.