Bienvenidas y bienvenidos a Acercándonos a Escuchar, un espacio donde la música se convierte en un puente que une culturas, épocas y emociones.
Cada episodio es una invitación a emprender un viaje sonoro por universos poco transitados: obras de compositoras y compositores que, aunque muchas veces desconocidas para el gran público, nos invitan a escuchar el mundo con otros oídos.
A través de sus músicas descubrimos expresiones de identidad colectiva, relatos históricos, formas de resistencia cultural y maneras únicas de habitar el presente.
Este podcast es una iniciativa de la Casa de las Artes, perteneciente a la Dirección de Vinculación con el Medio de la Universidad Austral de Chile, sede Puerto Montt.
Hoy nos acercamos a una canción que ha viajado por décadas, generaciones y estéticas: “Qué será, será”, pero en una versión que la transforma profundamente: la reinterpretación de Pixies.
La historia de esta canción comienza en 1956, compuesta por Jay Livingston y Ray Evans para la película The Man Who Knew Too Much, de Alfred Hitchcock. En la voz de Doris Day, “Que será, será” se convirtió en un éxito inmediato: un himno amable, luminoso, casi ingenuo, que ofrecía tranquilidad en un mundo marcado por la posguerra, la Guerra Fría y la necesidad de aferrarse a certezas simples.
Pero cuando llegamos a finales de los años ochenta, el paisaje cultural era otro. La música alternativa comenzaba a sacudirse el mainstream desde sus bordes, y Pixies, con su sonido crudo y dinámicas extremas, emergía como una de las bandas estadounidenses más influyentes del periodo. Su reinterpretación de “Que será, será”, incluida en Death to the Pixies y difundida en varios de sus directos, tomo esa melodía histórica y la desplazo a un territorio completamente distinto: vibrante, oscuro, inquietante.
En la versión de Pixies, la frase “whatever will be, will be” ya no suena como un consuelo. La guitarra distorsionada y la voz desgarrada de Black Francis cargan esas palabras con un nuevo peso emocional. No es la serenidad frente al destino, sino la constatación de un futuro incierto y desbordante, mirado desde la energía visceral que definió a la banda y marcó a toda una generación indie y alternativa.
Lo que antes era un mantra dulce se vuelve una pregunta tensa. Un espejo distorsionado donde reconocemos la forma, pero sentimos una vibración distinta.
Hoy, les invito a escuchar esta versión como un puente entre épocas: desde la dulzura de los años 50 hasta la crudeza alternativa de finales de los 80. Porque cada reinterpretación no solo revisita una canción, también revisita el lugar desde donde la escuchamos.
¿Qué será, será? Tal vez la pregunta sigue abierta, pero cada generación la canta con su propia voz.
Gracias por acompañarnos en este viaje sonoro. Nos reencontramos en el próximo episodio de Acercándonos a Escuchar. Hasta entonces, recuerden: en cada nota hay una historia, y en cada silencio, una oportunidad para descubrir algo nuevo.