Una serie que encontró su potencia no en los monstruos ni en los alienígenas, sino en la tensión entre creer y dudar. En su núcleo, The X-Files fue el relato de una contradicción instalada en el centro de la cultura de los años noventa: la sospecha de que las instituciones mienten y, al mismo tiempo, la necesidad de confiar en alguien. Esa grieta es la que aún resuena.