Salmo 65:4 “Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo.”
En el mismo libro de Salmos, el salmista pregunta: Salmos 15:1 “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” y luego él mismo expone una serie de requisitos indispensables que deberá tener aquel que quiera habitar en su lugar Santo.
Toda esa lista el mismo salmista la resume en el Salmo 5:4-5 “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. 5_ Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad.”
Y a raíz de todo esto nuestro Señor Jesucristo dijo: Marcos 10:17-18 “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18_ Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.”
Esto lo dijo el Señor, porque Él aun no había sido glorificado y su deber era glorificar a uno solo; al Padre Eterno.
Así que el salmista sabiendo eso escribe como suspirando, anhelando ser uno de los escogidos de Dios para habitar en su Santo Templo. Porque él mismo creía que no cumplía cabalmente los requisitos para estar allí. Y que Dios tenía preferidos, que era Dios quien escogía a unos y a otros no.
Por esta razón apareció el Hijo de Dios, para quitar esa barrera en la mente pero sobre todo en el corazón de los hombres. Y aquello que no