Ezequiel 47:3-5 “Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. 4_ Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. 5_ Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado.”
Esta fue una gran experiencia para el profeta Ezequiel. Dios le permitió ver el río que sale de debajo del umbral de su Trono. Cuatro veces se miden mil codos de su trayecto mientras las aguas se elevan hasta los tobillos (v. 3), las rodillas (v. 4), los lomos (v. 4), y finalmente hasta un sitio demasiado profundo como para poder atravesarlo.
Para que pueda entenderlo; mil codos equivalen aproximadamente a 525 o 530 metros. El profeta en ningún momento es obligado a entrar al río ni avanzar. Lo único que hace el ángel o el hombre como dicen algunas otras versiones diferentes a RVG, es medirle la distancia que tiene que recorrer y es él quien decide si va o no.
Lo maravilloso de la experiencia de Ezequiel se lo hace notar el mismo personaje que le medía la distancia que tenía que recorrer cuando le dice: Ezequiel 47:6-7 [PDT] “Él me dijo: «Hijo de hombre, ¿Te has fijado en la profundidad que ha alcanzado aquel arroyito de agua, verdad?» En seguida me llevó hasta la orilla del río, 7_ donde noté que había muchos árboles a ambos lados del río.”
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