La inversión de impacto, que persigue el doble objetivo de generar rentabilidad financiera y abordar y originar soluciones para resolver problemas sociales, ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, especialmente en EE. UU. y Europa.
Concretamente, en 2019 este tipo de inversión aumentó un 37,5% respecto al año anterior, hasta alcanzar los 715.000 millones de dólares a nivel mundial en términos de activos bajo gestión. Desde 2015, su crecimiento ha sido del 17,2%.