La inflación es un aspecto fundamental para los inversores, puesto que afecta, por un lado, a nuestros ahorros y a la rentabilidad real de nuestras inversiones, y, por otro, al valor de gran parte de las clases de activo. Cuando alguien invierte, ya sean particulares o institucionales, el objetivo mínimo buscado es el de batir a la inflación para que nuestro poder adquisitivo no disminuya, es decir, preservar el capital. Si como inversores no actuamos proactivamente para proteger nuestros ahorros, la inflación puede afectar seriamente a nuestra rentabilidad real.
En estos momentos el debate sobre el regreso de la inflación está instalado ya en la comunidad inversora. La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha subido con fuerza en lo que llevamos de año. En Europa, la rentabilidad del bono alemán, aunque aún se mueve en terreno negativo, también ha repuntado. Los niveles absolutos de tipos siguen siendo bajos, pero lo que preocupa es el ritmo de subida, en un entorno de elevadísimo endeudamiento de los gobiernos (a mayor tipo de interés de la deuda, mayor es el coste de los gobiernos para financiar esa deuda).